Durante años todas las marcas quisieron contar historias.
Y apareció el storytelling.
Historias de origen.
Historias de propósito.
Historias de personas.
Historias de superación.
Hasta que prácticamente todo empezó a sonar igual.
El problema nunca fue contar historias.
El problema es pensar que una historia es suficiente.
En Telling preferimos hablar de Storytooling.
Porque una buena historia debería funcionar como una herramienta.
Debería ayudar a explicar un producto.
A ordenar una propuesta comercial.
A construir una campaña.
A crear contenidos.
A facilitar una venta.
A conseguir que una idea compleja se entienda rápido.
El storytelling pregunta:
¿Qué historia contamos?
El storytooling añade otra pregunta:
¿Para qué sirve?
Cuando una narrativa funciona de verdad deja de ser una pieza de comunicación.
Se convierte en un sistema.
Un sistema que se puede repetir, adaptar y escalar sin perder coherencia.
Y entonces puede vivir en una web, una presentación comercial, una campaña, un evento, un vídeo o una conversación de ventas.
Las historias son importantes.
Pero cuando además trabajan para la marca, son infinitamente mejores.